Primera edición del curso en la Sanidad Pública española
Los pasados días 23 y 24 de octubre de 2026 tuve la oportunidad de impartir en el Hospital Universitario de Canarias, en Tenerife, una nueva edición de nuestra formación sobre neurofisiología y biomecánica aplicada a la neurorrehabilitación motora.
Esta edición ha tenido algo especial para mí, ya que ha sido la primera vez que Hemispherics y esta formación llegan a un hospital público. Un contexto especialmente interesante por las características de los pacientes, las distintas fases de recuperación y la necesidad de adaptar continuamente el razonamiento clínico a las posibilidades y limitaciones de cada entorno asistencial. Todos conocemos la idiosincrasia de la rehabilitación pública, donde -por falta de especialidades oficiales- a veces a los terapeutas les falta formación específica para determinadas áreas o rotan a lo largo de los meses por trauma, neuro, pediatría o UCI. Por eso, es un reto que me motiva el trasladar mi conocimiento y experiencia a entornos como este.
Con cada nueva edición trato de revisar, actualizar y adaptar los contenidos, pero manteniendo una idea que considero fundamental: no pretendo trasladar únicamente propuestas de tratamiento, sino herramientas para comprender mejor los problemas que presentan nuestros pacientes. Y esto, aunque pueda parecer algo evidente, tiene bastante más complejidad de la que aparenta.
En neurorrehabilitación trabajamos con manifestaciones clínicas que, en muchas ocasiones, tendemos a agrupar bajo denominaciones demasiado generales. Hablamos de espasticidad, debilidad, alteraciones de la marcha, sinergias o problemas de control motor, pero detrás de estas manifestaciones pueden existir mecanismos neurofisiológicos diferentes, que además interactúan entre sí y condicionan las posibilidades de recuperación.
Precisamente, una parte importante de lo que intento transmitir es la necesidad de ser cada vez más finos identificando los núcleos clínicos que caracterizan a cada paciente. Entender qué componentes están realmente limitando su comportamiento motor, cómo se relacionan entre ellos y qué posibilidades tenemos de intervenir sobre los mismos. No tanto pensar en qué ejercicio podemos hacer, sino en qué queremos modificar y por qué consideramos que una determinada estrategia puede tener sentido.
Durante la formación abordamos algunos de los modelos neurofisiológicos actuales del sistema nervioso, la interpretación clínica de las lesiones neurológicas, los fenotipos de hemiparesia y diferentes alteraciones sensoriomotoras del miembro superior e inferior. También profundizamos en cuestiones relacionadas con la marcha, las sinergias, la debilidad, las alteraciones del tono y la sensibilidad.
En esta ocasión, además, traté de dar especial importancia al paciente en fase aguda y subaguda, considerando cómo puede evolucionar su comportamiento motor, qué aspectos debemos observar y cómo las características de estas fases condicionan nuestras decisiones terapéuticas.
Creo que uno de los retos que tenemos como profesionales es conseguir conectar el conocimiento que procede de la neurociencia con la realidad que encontramos en nuestras salas de tratamiento. Y no siempre es sencillo. Conocer un mecanismo neurofisiológico no implica necesariamente saber cómo trasladarlo a una intervención. Por eso, intento que estas formaciones no se conviertan en una sucesión de conceptos teóricos o propuestas prácticas desconectadas entre sí. Mi intención es construir un hilo de razonamiento que permita entender mejor por qué observamos determinados comportamientos y cómo podemos utilizar esa información para orientar nuestras decisiones clínicas.
Al final, trato de sembrar una pequeña semilla en cada alumno, teniendo en cuenta que cada uno llega con su propio bagaje, experiencia y forma de entender la neurorrehabilitación. No espero que todo lo expuesto se incorpore de manera inmediata a la práctica clínica, ni mucho menos que se asuma sin cuestionarlo. Me interesa más que algunas de estas ideas sirvan para revisar determinados planteamientos, hacerse nuevas preguntas y observar a los pacientes con algo más de precisión.
Probablemente, esta sea una de las cosas que más me motivan a seguir desarrollando este proyecto. Poder compartir lo que voy aprendiendo, contrastarlo con otras realidades clínicas y continuar dando forma a una manera de entender la neurorrehabilitación que, por supuesto, también está en constante revisión.
Quiero agradecer al Hospital Universitario de Canarias la confianza depositada en mí y en Hemispherics para llevar a cabo esta formación, así como a todos los profesionales que participaron durante estas dos jornadas. Y especialmente a Isaac Padrón, por su implicación para hacerla posible y a quien, después de años de contacto, por fin tuve la oportunidad de desvirtualizar.











